Victor Reyes. Abogacía: la calidad de lo artesanal

Abogacía: la calidad de lo artesanal

Es cierto que la profesión del Abogado ha evolucionado en los últimos años como consecuencia de la fuerte globalización que vivimos. Este hito, ha llevado a convertir la abogacía (o el sector jurídico en general) en una industria más que hace uso de las cadenas de montaje. En este sentido, Despachos de gran volumen sesgan el montaje de un procedimiento judicial en varias piezas como si de simples juguetes se tratase: unos abogados reciben al cliente, otros analizan la documentación, posteriormente, otros, redactan la demanda para finalmente, que un abogado distinto a los tres anteriores, asista a las vistas judiciales. La producción en cadena o en masa fue revolucionaria en la producción industrial con el objetivo de aumentar la producción con los mismos recursos. Pues bien, a este sistema, en pleno siglo XXI, en el mundo de la abogacía se vende como: “innovación”.

El cliente habitual de estos Despachos con sistemas “innovadores” entiende que trabajar con ellos es un status de lujo y garantía de que obtienen el mejor asesoramiento en cada caso. Nos encontramos en el momento de los diseños novedosos; de la huída de lo clásico: es el momento de las emociones.

Desde mi punto de vista personal, a todo el mundo le gusta la innovación, le hace sentir bien estar a la última e ir a la moda – también en el ámbito jurídico -, máxime cuando eres un joven empresario. Entiendo que a nadie le gusta tener el último modelo de iPhone y que no funcione. La impersonalidad de los nuevos sistemas de montaje jurídico que se venden al cliente como “estar a la última”, considero que degrada aún más, si se puede, nuestra profesión – mi vocación –. No concibo que un cliente no pueda hablar con su Letrado, no concibo que el Letrado que le atendió en su primera cita no sea quien le defienda en Sala, que sea quien le de las noticias y que, en definitiva, el cliente no sepa a quien llamar o por quien preguntar al teléfono.

Esa innovación, en la abogacía, es atraso.

El abogado debe ser artesanal – y no por ello antiguo – , cercano al cliente – a quien debe apoyar y participar en sus proyectos-. Debe entallar cada actuación a la medida del problema de su cliente como el sastre lo hace con el traje. Debe ser honesto con su estrategia jurídica y voraz en su defensa. Debe ser el profesional en el que el Cliente confía desde el principio hasta el final.

Por Víctor Reyes Domínguez (Abogado Málaga)

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